DECLARACION DE PRINCIPIOS
PARTIDO DEMOCRATACRISTIANO
PRIMERO: El Partido Demócrata Cristiano
tiene por misión realizar una verdadera democracia, en la que
el hombre pueda obtener su pleno desarrollo espiritual y material. En
esa tarea de liberación humana, da expresión a una política
inspirada en el concepto cristiano de la vida, que impulsa el ascenso
de las fuerzas populares tendientes a transformar las estructuras de
la sociedad de nuestro tiempo. Sus aspiraciones forman el patrimonio
de quienes trabajan por la dignidad y el progreso del hombre, y para
llevarlas a efecto llama a todos los chilenos.
SEGUNDO: El Partido Demócrata Cristiano proclama como
fundamentales los derechos de la persona humana. Reconoce su naturaleza
libre, su trascendencia espiritual, su realización en la vida
familiar y colectiva, su derecho a la educación, al trabajo y
a la seguridad. Tales derechos son anteriores al Estado, por lo que
sus instituciones deben garantizarlos integralmente, junto con otorgar
a la sociedad los medios para someter su ejercicio a la exigencias del
bien común. La Democracia Cristiana alienta con energía
la liberación de los trabajadores de la injusticia y el advenimiento
de un mundo sin estratos sociales, y fundamenta en tales propósitos
su vocación popular. El dinamismo de las clases proletarias,
en su lucha por la justicia y la libertad, será capaz de sobrepasar
y sustituir las estructuras del capitalismo y el socialismo, hasta que
se excluya todo vestigio de explotación de una clase por otra
y toda limitación con respecto a la personalidad.
TERCERO: El Partido Demócrata Cristiano sostiene las normas
de la democracia basadas en la justicia y aplicadas por legítima
autoridad, por cuanto permiten una forma de gobierno que respete los
derechos humanos, la convivencia positiva entre hombres de ideas discrepantes
y la progresiva evolución social. Lucha por una democracia amplia,
abierta a la masa popular, sin discriminaciones políticas, religiosas
o de clases, en que sea efectiva la igualdad de derechos, oportunidades
y deberes para todas las personas y grupos sociales. Denuncia y condena
categóricamente los totalitarismos fascistas y comunistas, como
toda clase de dictadura. Reconoce el derecho de la democracia a preservar
su estructura, sin que para ello pueda recurrir a medios reñidos
con sus principios ni impedir su racional evolución; y afirma
que en el ascenso moral y material del pueblo y en la práctica
misma de la libertad y de la vida democrática se encuentran las
más firmes garantías de su estabilidad. La Democracia
Cristiana defiende la clara distinción e independencia de los
poderes del Estado y el equilibrado contrapeso de sus funciones, y exige
de los gobernantes una conducta ejemplar, la plena responsabilidad de
sus actos y una verdadera capacidad para dirigir los intereses colectivos.
CUARTO: El Partido Demócrata Cristiano defiende a la familia
como célula básica de la sociedad y procura el fortalecimiento
de sus vínculos, la dignificación de la mujer y el resguardo
de los hijos. Reconoce especialmente el derecho familiar a la vivienda,
a la educación, a la economía y a la seguridad social.
Para que el hombre común participe más directamente en
la vida colectiva y para asegurar una forma de gobierno más democrática
y descentralizada, que conduzca a una integración social sin
divisiones artificiales, la Democracia Cristiana promueve el más
amplio desarrollo de las entidades intermedias entre el individuo y
el Estado y su reconocimiento en las instituciones de derecho. Impulsa,
por tanto, el robustecimiento de los organismos regionales y de los
municipios, de las asociaciones de carácter profesional y cultural,
de los sindicatos, cooperativas y juntas de pobladores.
QUINTO: El Partido Demócrata Cristiano aspira a la instauración
de una economía humana, en que la producción está
ordenada con miras al bien común y satisfaga en forma creciente
las necesidades de la población y, en especial, de los sectores
de escasos recursos. La economía humana hace posible que los
valores de orden ético y la voluntad colectiva de organizar el
progreso de la comunidad, se conviertan en factores dinámicos
del desarrollo. La Democracia Cristiana afirma que el poder económico
no debe descansar ni el los individuos animados por el afán de
la ganancia ilimitada, ni en el Estado monopolista. La economía
humana tiende a agrupar a los hombres en comunidades de trabajo, dueñas
del capital y de los medios de producción y concordantes en sus
objetivos, y a convertir al Estado, como rector del bien común,
en expresión superior de esa vida comunitaria, sin que sea posible
que actúe al interés de grupos opresores. El Estado debe
promover la expansión de la economía de acuerdo con una
planificación general, democráticamente gestada, que coordine
las actividades particulares y públicas, en que la libre iniciativa
y el espíritu de lucro, como elementos estimulantes de la economía,
debe estar subordinados a las normas morales y al interés de
la colectividad. El Partido Demócrata Cristiano propugna la estabilidad
de los empleos y la creciente participación de los trabajadores
en las utilidades, gestión y propiedad de las empresas.
SEXTO: El derecho natural de propiedad es común a todos
los hombres sin excepción, por lo que un orden social que, valiéndose
de tal derecho, excluya prácticamente del acceso a ella a la
gran mayoría y permita a unos pocos representar, dirigir y dominar
a los demás, es un orden injusto y contrario a la naturaleza
que vulnera el principio de la propiedad. El bien común debe
regular el régimen de la propiedad de modo que ésta, en
sus formas individual y colectiva, asegure el desarrollo de la persona,
la familia y la sociedad. La Democracia Cristiana impulsa el sistema
de comunidad o el cooperativismo, respecto de los medios de producción
que requieren el trabajo de muchos hombres, y reconoce al Estado el
derecho y la competencia para promover aquellas empresas que excedan
la capacidad particular y constituyan factores vitales de la economía.
La propiedad agraria debe sobrepasar las formas de latifundio y minifundio,
para vincular efectivamente a la tierra a los que trabajan en ella,
para asegurar el mejor aprovechamiento de los suelos y de los recursos
de la técnica moderna y garantizar la alimentación del
pueblo.
SEPTIMO: El Estado, en su función educacional, debe respetar
el derecho de la familia a orientar la educación de los hijos
asegurándole, por la repartición proporcional de sus recursos,
el libre y efectivo cumplimiento de tal fin, a través de la enseñanza
fiscal o particular. El Partido Demócrata Cristiano promueve
el desarrollo más amplio de la educación en todos sus
grados, y el real acceso a ella de todos los sectores sociales, al mismo
tiempo que defiende la dignidad del profesorado, concordante con la
responsabilidad de su función. Es una obligación fundamental
de la democracia proporcionar a la juventud de escasos recursos los
medios necesarios para su educación, ya que sólo por la
calidad moral, la formación científica, el espíritu
de trabajo y el valor personal deberán constituirse las jerarquías
nacionales.
OCTAVO: El Partido Demócrata Cristiano sustenta el más
amplio derecho de los empleados, obreros y campesinos a organizarse
en sindicatos, federaciones y confederaciones sindicales, y reclama
un régimen jurídico que garantice de manera efectiva ese
derecho y la igualdad esencial en el trabajo de todos los trabajadores.
El sindicato, como elemento forjador de la conciencia obrera y del movimiento
social, es instrumento de liberación y dignificación proletarias
y medio insustituible para hacer valer el aporte de los trabajadores
a la comunidad y reclamar el mejoramiento de los niveles de su existencia.
La Democracia Cristiana desecha las tácticas extremistas como
propias de una etapa ya superada del sindicalismo, y afirma que éste
tiene la responsabilidad de trabajar por las soluciones progresivas
y concretar que los problemas sociales y económicos admitan.
La organización sindical debe actuar libre de toda tutela estatal,
partidista o patronal, para llevar adelante sus reivindicaciones con
máxima unidad. Transformar desde dentro, por métodos democráticos,
las formas establecidas bajo el sistema individualista liberal o bajo
el colectivismo estatal es misión del sindicalismo en nuestro
tiempo, a fin de estructurar un mundo en que el trabajo sea medio de
fraternidad y no objeto de injusticia.
NOVENO: La Democracia Cristiana cree firmemente en la paz como
orientadora de la vida internacional; la fundamenta en la justicia y
en el bien común de los pueblos; y para promoverla y asegurarla
señala la necesidad de fortalecer la organización jurídica
de la comunidad mundial, otorgándole los medios para hacer más
eficaz su acción. Defiende la autodeterminación de los
pueblos y la igualdad jurídica de los estados contra toda forma
de imperialismo y colonialismo; respalda el rechazo colectivo de la
agresión y la solución pacífica de los conflictos,
y alienta el intercambio cultural y comercial entre todas las naciones.
El Partido Demócrata Cristiano promueve el reconocimiento y el
respeto universal de los derechos de la persona humana; repudia a los
gobiernos dictatorial y condena enérgicamente a los que realizan
persecuciones religiosas, raciales o ideológicas. Señala
la obligación internacional de ayudar a los países subdesarrollados
y tiene plena fe en que los pueblos del mundo serán capaces de
orientar hacia la paz el progreso científico y técnico
y de compartir sus frutos en beneficio de toda la humanidad. El mundo,
si no quiere destruirse a sí mismo, está forzado a sustituir
el falso equilibrio de los bloques, por el fortalecimiento del sistema
de seguridad internacional, el avance del desarme y la proscripción
absoluta de las armas nucleares. El Partido Demócrata Cristiano
reconoce la realidad hemisférica y cree que los organismos que
la regulan deben garantizar el respeto de la soberanía, el justo
trato económico y la aceptación equilibrada y recíproca
de obligaciones mutuamente convenientes. Por ser condición de
su adelanto y de su efectiva participación en el concierto de
las naciones, el acercamiento y la integración de los países
latinoamericanos tienen particular importancia. Su común destino,
con sólida base en la historia, debe encontrar un cauce desprovisto
de todo espíritu hegemónico, capaz de integrar en forma
progresiva y realista sus recursos y mercados para propender a la mejor
condición de vida de sus pueblos y para convertir sus grandes
reservas espirituales y materiales en un aporte con rasgos propios a
las nuevas formas de ordenamiento que surgen en el mundo.
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